El Rumor de la Montaña


Me acecha,
me castiga,
desde allí,
imponente y callada.

Lleva tiempo aprender a escucharla,
pues la ciudad grita y avanza.
La ciudad se despierta, se devora a si misma
y cae desgastada.

Día tras día nos ve con ilusión,
esperando ser escuchada,
esperando que nosotros trascendamos
y ella sea recordada.

El-Ávila

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