Contemporánea

El Gran Cabrón Y San Benito

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“Si tuviese que ubicar un principio, tendría que hacerlo a la mitad de mi vida. Fue una época en la que no creía ni en dios ni en el diablo, sin embargo, el mundo que me rodeaba les veneraba y les temía. Para mi siempre fue fácil pedirle al Gran Cabrón y suplicarle a San Benito. Siempre fue muy fácil ver con soberbia la debilidad de quienes me acompañaban en los aquelarres y en los amaneceres de retumbes y repiques. Tardé muchos años en volver a entender, porque de muchacho lo entendía, que cuando engañas a los demás, al primero que engañas es a ti mismo”. El viento golpeaba el aún abundante y pajoso cabello del anciano. No existía ruido alguno, cuanto les rodeaba escuchaba.

Las montañas protegían el Norte y ocultaban el mar. Él, a pesar de tener años viviendo allí, nunca se había atrevido a subirlas y se sentía lo suficientemente viejo y cansado como para plantearse hacerlo antes de morir.

San-Benito-de-Aquelarre